Religión
*La llegada de la esperada libertad de culto
*Rehabilitación de la religión
*Diversidad y nuevos participantes
*Situación actual
La llegada de la esperada libertad de culto
En 1988 Rusia celebró el primer milenio de la entrada
a gran escala del cristianismo en su territorio y el veinticuatro de agosto de
1990 fue suprimido del Consejo de Ministros de la URSS el Consejo para
Asuntos Religiosos. Durante los setenta años anteriores a esa fecha la
religión, el clero y hasta la propia fe estuvieron perseguidos de algún modo
hasta que por fin llegó la tan esperada libertad de conciencia y de culto,
libertad que a su vez sirvió de prueba de fuego para los representantes de
todas las confesiones de Rusia. Por un lado había problemas materiales ya que
muchas iglesias, monasterios, mezquitas, sinagogas y otros templos
estaban en ruinas; asimismo había que volver a crear seminarios y otros centros
educativos religiosos. Por otro lado, en comparación con la época de los
últimos zares rusos, los Romános, las confesiones tradicionales del país
tenían que adaptarse a las nuevas condiciones de una Rusia democrática, a la
globalización y a la secularización de la conciencia y a la divulgación del
politeísmo.
Rehabilitación de la religión
A finales de la perestroika tanto para los creyentes
como para los ateos la religión se había convertido en una parte de la
ideología o de la cultura (y antes la religión se entendía solo como la ruta
hacia el Dios, hacia la salvación de alma). Esta actitud hacia la religión se
venía formando en muchos países occidentales desde los años sesenta del siglo
XX. En el caso de Rusia a finales de los ochenta la religión desempeñó un papel
esencial en la formación y el fortalecimiento de la conciencia nacional de
muchos pueblos que vivían en el territorio del país.
Como consecuencia, en el Estado empezó un proceso de
rehabilitación de la religión. En 1988 se celebró el primer milenio del
“bautismo de Rusia” y se empezaron a restaurar y a abrir
tanto iglesias (no solamente ortodoxas, sino también católicas y
protestantes), como mezquitas y templos budistas. Los misioneros
extranjeros empezaron a frecuentar Rusia y se les permitió no solo comunicarse
con los creyentes, sino además el acceso a colegios y centros docentes
superiores para que distribuyeran literatura religiosa y hablaran sobre la fe.
Podían incluso transmitir sus sermones por televisión.
Casi todas las organizaciones religiosas registradas
actualmente en Rusia aparecieron en aquella época, durante los primeros años de
la libertad de culto. Desde el año 1992 no han surgido muchas comunidades
nuevas de esta índole.
Diversidad y nuevos participantes
Los ciudadanos de la Unión Soviética esperaban
encontrar en los valores religiosos "tierra firme", algo a lo que
agarrarse cuando las instituciones sociales, políticas e ideológicas
colapsaron. No en vano a principios de los años noventa ganaron mucha
popularidad diferentes magos, adivinos, astrólogos, curanderos y personajes
similares. Algunos de ellos llegaron a intervenir en estadios, sus sesiones se
transmitían por la televisión y sus libros se editaban en tiradas de millones
de ejemplares.
El tradicionalmente amplio abanico de las confesiones
de Rusia (ya antes de la revolución de 1917 en Rusia había más de
veinte movimientos religiosos diferenciados) se enriqueció en los noventa con
decenas de nuevas corrientes. Unas venían del extranjero, como las llamadas
“sectas totalitarias”, por ejemplo, Aum Shinrikyō o Verdad Suprema y la Iglesia
de la cienciología, mientras que otras tenían sus raíces en Rusia, como la
Hermandad Blanca.
Situación actual
En 1997 se aprobó la vigente Ley de Libertad de
Conciencia. Este documento prohíbe de hecho la actividad de los misioneros extranjeros
en territorio ruso, priva a las organizaciones religiosas que existen
oficialmente en Rusia desde hace menos de quince años de los derechos civiles
esenciales y obliga a las comunidades independientes a unirse a las comunidades
religiosas ya existentes desde la época soviética.
La figura más importante de la vida de la nueva Rusia
entre los representantes de diversas religiones fue, sin duda, el
patriarca Alejo II (“Alexí II” en ruso). Durante dieciocho años no solo
encabezó la Iglesia ortodoxa rusa, sino que fue una autoridad espiritual muy
importante en un país que dejaba trabajosamente su pasado ateo. Durante su
patriarcado, en Rusia se abrieron miles de iglesias y monasterios y la gente
volvió a los templos. Uno de los aspectos clave de la actividad de Alejo fue la
reunificación de la Iglesia ortodoxa rusa, dividida en varias partes. En 2007,
se produjo la unificación largamente esperada de la Iglesia ortodoxa rusa
fuera de Rusia con el Patriarcado de Moscú. El Patriarca buscó también la
vuelta de los “viejos creyentes” al seno de la Iglesia, aunque en
este caso el esperado reencuentro no llegó a producirse.

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